martes, 17 de abril de 2018
La anábasis de Jenofonte
La Anábasis, o la marcha de los diez mil
Jenofonte se enroló en una expedición de mercenarios
griegos que iba a participar en la revuelta del príncipe Ciro contra su hermano, el Gran Rey Artajerjes II .
Ciro era el primero en llevar soldados griegos hasta
el interior del Imperio persa, la disciplina y organización griegas les daba
una notable superioridad sobre las tropas que habitualmente luchaban en las
luchas por el trono, y Ciro pensaba utilizar esto a su favor.
El ejército de Ciro salió de Sardesy recorrió el curso del Éufrates hasta encontrarse con las fuerzas fieles a Artajerjes
II en Cunaxa, cerca de Babilonia. El choque necesariamente debía ser violento.
Según Jenofonte, esta batalla fue favorable a los rebeldes y los mercenarios griegos fueron
decisivos en el encuentro. Pero nada de esto sirvió al morir Ciro en la
batalla. Perdido su candidato al trono, las fuerzas de Ciro se pasaron en
bloque a Artajerjes dejando a los mercenarios griegos aislados entre una marea
de enemigos.
Los oficiales griegos intentaron negociar una
rendición y fueron convocados a una reunión en el campamento persa. Pero
Artajerjes estaba decidido a dar una muestra de fuerza que disuadiera a
cualquier ejército griego a volver a penetrar en Asia. Dio orden de decapitar a
todos los oficiales griegos.
De esta manera, los griegos se encontraron rodeados de
enemigos, a miles de kilómetros de la población amiga (o neutral) más cercana y
sin oficiales.
Pero la desesperación une y ellos eran experimentados
mercenarios, poco dispuestos a dejarse llevar por el pánico. Especialmente
cuando el pánico únicamente podría llevar a la muerte. Siguiendo el relato de
Jenofonte, los griegos eligieron a cuatro líderes entre los que estaba el
propio Jenofonte y marcharon en busca del mar.
Aquí empieza la gran aventura de Jenofonte y los
10.000 hoplitas por volver a casa, pasando hambre, durmiendo sobre nieve,
teniendo las puertas de las ciudades cerradas...
martes, 20 de marzo de 2018
LA MUJER EN LA ANTIGUA ROMA
La mujer en la Roma del imperio tenía un
rol muy limitado en cuanto a la vida pública se refiere. Sometida a la
autoridad del padre primero y del esposo después, podía únicamente ejercer su
influencia social a través de éste. Pero en la vida íntima, como madres y
esposas, su papel fue destacado superando en importancia a las mujeres de otras
civilizaciones antiguas. El arte que ha llegado a nuestros días da claras
muestras de ello.
La mujer romana tiene la posibilidad de
disponer de su fortuna y propiedades y de tener una corta libertad. Pero la
visibilidad y la vida política es cosa de hombres. En los objetos de la vida
cotidiana la mujer ocupa un lugar muy relevante, omnipresente.
La vida social que llevaba era para salir a
comprar, participar en banquetes y acompañar cuando se la permitía al marido a
actos oficiales o espectáculos.
Las mujeres debían aprender a hilar y tejer
la ropa de algodón de la familia, en las familias más humiles las mujeres eran
costureras en los mercados, ayudantes en las termas, o trabajan en granjas, o
como pastoras o agricultoras, con sus esposos.
Las mujeres romanas por ley, cumplían un
papel subalterno semejante al de los niños. A pesar de ello, protagonizaron las
representaciones en la decoración doméstica y en los objetos que las
acompañaban en su vida cotidiana. Cuando la mujer es diosa, fueron elaboradas
por el imaginario de la mente masculina, se exalta su belleza y también
representan el drama y el caos del hombre que se puede ver seducido y subyugado
por ellas. La mujer romana exalta a las diosas y tienen importancia en su vida
y deberes domésticos y familiares.
La representación de la mujer está
relacionada con las artes, los mitos y la generación de vida. Desde las musas,
inspiradoras del espíritu, hasta Venus, imagen de la belleza y la seducción;
desde las virtuosas Minerva y Diana, férreas defensoras de la virginidad y la
virtud, hasta las gorgonas y sirenas; desde las mujeres generadoras de vida,
que personifican fuerzas y ciclos naturales, hasta las forjadoras de terribles
tragedias y desastres.
Y además, en clase hablamos de las
Vestales, ese grupo de sacerdotisas con privilegios y obligaciones especiales.
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